martes, 20 de julio de 2021

El poder de las palabras

De mi larga estancia en Italia aprendí, entre otras cosas, el enorme poder que tienen las palabras sobre nosotros, el poder que tienen para moldear la realidad, para ocultarnos del caos y el miedo a lo desconocido. Aprender un nuevo idioma me enseñó que no importa qué lengua sea, que en todas buscamos lo mismo, que tienen el mismo valor. Un ejemplo de ello fue la palabra italiana trucco, que en español significa maquillaje; me fascina pensar en el trasfondo de esta palabra, en cómo parece decirte que cuando te maquillas estás haciendo magia, estás enseñando al mundo un truco para sorprenderlo, para que crean que es eso lo que existe, pero que no es la realidad. Todo eso está comprendido en ella y, aparentemente, no lo percibimos. 

Dicen que una imagen vale más que mil palabras, sin embargo, yo creo que mil palabras son muchas más imágenes. Creo que eso es subestimarlas y no otorgarle el verdadero valor que tienen. Yo siempre he admirado a las personas que tienen la palabra justa en cada momento, que saben qué decir y cuándo decirlo, incluso cuando no hace falta decir nada, porque el silencio es lo más correcto, ahí ellos descifran lo que sientes y hallan la palabra medida para lo que sientes.

Mi padre siempre me ha dicho que las palabras se las lleva el viento, sobre todo cuando hacen daño. Pero yo sé que no es así, que eso es solo un falso consuelo. Las palabras pueden permanecer inamovibles y eternas si calan hasta los huesos, pueden retumbar en tu cabeza como el eco del golpe del martillo sobre el yunque. Estas pueden tener la fuerza de un tornado sobre ti, para bien o para mal.

Las palabras pueden ser llaves que abren cofres llenos de recuerdos, que abren puertas a otros mundos. Son nuestra memoria y la de otros, son las huellas de quienes ya no están, son gritos de auxilio y cantos a la alegría. Son perdón y olvido.

La historia de una palabra es la historia de las personas. A partir del momento en el que se crea por primera vez el lenguaje complejo nos separamos del caos. El lenguaje es nuestra manera de interpretar el mundo, pues solo existimos si este nos hace existir. Es nuestro espejo y a través de él pensamos. Crecemos con las palabras, pues son nuestra mayor fuente de vida. Nuestra necesidad es siempre la de dar forma a todo lo que nos rodea, a toda esencia que es ajena a nosotros hasta que se convierte en palabra. Definimos amor, muerte, vida, odio, terror, miedo, sufrimiento, alegría o pasión, sin tener mucha idea de qué significan, pero necesitamos amasarlo, necesitamos hacerlo palabras. Es nuestra única ocasión de jugar a ser dioses.

Atesoramos palabras sin miedo al peligro, pero estas también pueden herir, humillar, decepcionar, destruir, arrancar o matar todo cuanto somos. Son armas de manipulación, mentiras camufladas, son disfraces de almas malvadas, son susurros de odio y cortinas de ignorancia. Las palabras nos hacen libres hasta que se convierten en grilletes pesados y condenas eternas que arrastrar.

La historia del ser humano es la historia de las palabras. Desde las primeras civilizaciones dominar la palabra ha sido sinónimo de poder, y los dueños de este poder siempre lo han sabido. Negar al resto este dominio es esclavizarlo, hacerlo tuyo porque son seres carentes de espíritu. Sin embargo, todo cambia. Cuando el pueblo domina la palabra, domina también el poder; porque ellas son el poder.

Ellas lo son todo y sin ellas no somos nada. Qué somos sino palabras en el tiempo decía Machado. Cuando faltan el mundo se siente huérfano. Decimos que no tenemos palabras cuando sentimos algo que nos parece inexplicable. Cuando faltan las palabras el amor no tiene quien le escriba y el odio queda mudo. Cuando faltan el mundo se ahoga con un nudo en la garganta. Las palabras pueden servir para embargar corazones, para abordar almas, para endeudar canciones, para albergar esperanzas. Pueden servir para que nadie muera del todo, para curar heridas y aliviar dolores, y para que la magia siga siendo un trucco. Gracias a ellas la valentía está en una carta de amor y no en las trincheras. Gracias a las palabras las primaveras son más primaveras y los inviernos son menos fríos. Gracias a ellas Bécquer sabe que poesía eres tú y las 500 noches de Sabina también son tuyas. Gracias a ellas buscas y eres, creces y olvidas, hallas y mueres. Porque existes gracia a ellas, porque son tu realidad y tu poder.

Gracias a las palabras yo hoy te escribo y tú puedes leerme. Apasiónate de ellas, busca su trasfondo y míralas como un espejo. Lee, escribe, habla, grita, escucha y siéntelas. Cree en el poder de las palabras no para dominar, sino para sentir que existes.


La simple complejidad

Esta obsesión desmedida por llegar  y perseguir aquello que espanta a la luna.  ¿Cuántas veces debo sacar la razón que une todas mis costura...