¿Casualidad
o destino? La eterna pregunta. Creer que tu vida la maneja el azar, el
desorden, la alineación de los astros de las 20 galaxias más próximas. O creer
que está escrita, que no tienes nada que hacer salvo verla pasar, que es Dios
quien maneja tus hilos, el horóscopo, la Virgen de Lourdes y sus milagros o la
gitana que te lee la mano.
Yo
siempre he sido de los primeros. Me costaba creer en los devenires programados de
la Divina Providencia, me resistía a pensar que hay algo escrito y que yo no
puedo hacer nada por cambiarlo. Siempre he sido de los que prefieren decir que
es una mera casualidad y que esta no va a desviar el camino que yo mismo me
marco. Me resistía a pensar que yo no controlo nada, porque no depende de mí y
por mucho que me esfuerce seguirá igual. Si eres de este primer grupo como lo
era yo, entonces esto te va a interesar. Si eres del segundo también, solo que
eres del segundo grupo.
¿Y
si te dijera que no existen las casualidades? ¿Y si te dijera que todos tus
esfuerzos por dirigir tu vida están siendo inútiles? ¿Y si te dijera que los
del segundo grupo llevan razón, y ni lo saben? Yo, que era un ferviente
defensor del azar y del nada pasa por nada, aquí me hallo, diciéndote que todo
lo que te va a pasar, incluso esto que escribo, estaba destinado. Lo podemos
llamar destino, Sagradas Escrituras o el horóscopo semanal de Sagitario, pero
existe. ¿Qué, por qué te digo esto? Verás, te cuento.
Hace
un tiempo una amiga me hablaba de un término que se escapaba de mi capacidad de
comprensión, pero que suscitó mi curiosidad. La entropía. Tranquilo, si eres
alguien que entiende de Física no te hablo de nada nuevo, de hecho, seguro meta
la pata, me podrás perdonar; pero para el resto de mortales es un término que
no necesita de fórmulas ni matemáticas para comprenderlo. Es sencillo, si lo
entendí yo, que a veces cuento con los dedos la vuelta en metálico, tú también.
La
entropía es la segunda ley de la termodinámica, un proceso molecular que mide
el desorden. Es decir, para que nos entendamos, la entropía es un proceso de
probabilidades. Todo aquello que tenga más probabilidad de ocurrir, será lo que
ocurra. Por ejemplo, si lanzo dos dados, el número que se pueda combinar más
veces entre los dos dados será el que salga con mayor probabilidad. Es fácil,
¿verdad? Bien, ahora, y que me perdonen los expertos en física, vamos a darle
un sentido más trascendental. Tu vida es entropía. Todo lo que te pasa en este
mundo no es más que una probabilidad de moléculas que se ordenan y desordenan
constantemente. Que las lentejas te salgan mal no es entropía es que no le has
echado sal, la entropía está en el proceso de olvido que ha ocurrido para que
tú no le eches. Que la chica que te gusta no te escriba no es entropía, la
entropía está en que tú no tomas la decisión de hablarle. La entropía no es el
resultado, es el proceso. O más bien, los procesos. Todo lo que va ocurriendo a
tu alrededor no es más que una probabilidad que se tenía que dar. ¿Eres tú
capaz de cambiar esa probabilidad y jugar a ser el amo de tu destino?
Evidentemente que no. ¿Y cuando pasa algo que realmente era muy poco probable
entonces, es entropía? Evidentemente que sí. Porque la probabilidad no la
defines tú. Hay miles, millones, de factores que desconoces y que van
definiendo todo lo que ocurre. El dado depende de la fuerza con la que lo
lanzas, la fricción con el aire y la superficie que lo frena, la posición, la
presión, etc. Tu vida igual.
Te
afectan las decisiones que tomas y las que no tomas. Tu existencia está
definida por todo esto. A veces resulta angustioso pensar que elegir o no
elegir puede cambiarte la vida para siempre sin saber cuándo, cómo ni dónde;
que es responsabilidad tuya y al mismo tiempo no. El existir y tener un
propósito o fin en la vida, sabiendo que no tiene sentido alguno. Existir en ti
mismo y en los demás, como un pequeño mundo dentro de otros más grandes.
Siempre me gusta recordar una de mis escenas favoritas, cuando Robin Williams
en El club de los poetas muertos habla a sus alumnos sobre la poesía, el
amor y la vida y les dice: “Que prosigue el poderoso drama y tú puedes
contribuir con un verso”.
Pues
de esto va la cosa, de vivir por aquello que nos mantiene vivos. Un te quiero
no expresado no existe, sin embargo, si lo expresas puede cambiar la vida a
quien lo dice y a quien lo recibe. Bob Dylan dice en una de sus canciones que
el mundo se divide en dos tipos de personas, aquellas que están ocupadas en
nacer y aquellas que están ocupadas en morir. Decide en qué quieres ocuparte
tú.
Nos
alegra cuando nos va bien y decimos con orgullo que es lo que tenía que pasar.
Y es duro cuando sucede al contrario y lo achacamos con frecuencia a la
casualidad, a una mala racha. A veces tomamos decisiones con demasiada
ligereza, pero claro, no podemos vivir angustiados con tanta responsabilidad.
Por ello, te digo que disfrutes del desorden, del destino o de la voluntad del
hada madrina. Las cartas ya están sobre la mesa. La entropía te cambia la vida.
Por suerte a mí la chica me escribió.
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