Lo más sencillo de escribir este texto ha sido elegir el título. Porque sí. Porque lo más fácil es estar en contra. ¿En contra de qué? Te preguntarás. En contra de todo y de nada al mismo tiempo. La oportunidad de ser equidistante y tocapelotas. La manera de devolver al barro a quien estaba a punto de zafarse. Estar en contra, la revolución de quien no tiene nada que decir.
Estoy en contra de las listas, así que empezaré haciendo una lista de todo por lo que estoy en contra. Estoy en contra de los libros con portadas sacadas de películas o series. ¿Qué tipo de aberración editorial es esa? ¿Por qué sigue habiendo gente con ese mal gusto? Hay gente muy talentosa esperando una oportunidad de dibujar y diseñar ediciones preciosas, que hacen más atractivo un libro siempre.
Estoy en contra del yo soy así. Pues no lo seas. Legitimar que eres un capullo con un yo soy así no te vale de excusa. Por ende, también estoy en contra de quienes dicen tienes que ser tú mismo. No. No. No. A veces no tienes que ser tú mismo. También me vale para este caso la frase de los niños tienen que aprender a ser ellos mismos. Pues no. Hay momentos para todo, hay que saber adaptarse a las circunstancias, hay veces que tienes que ser diferente. La verdadera inteligencia está en detectar cuándo ser la persona correcta en el momento correcto.
Estoy en contra de no llamar a las cosas por su nombre, y de ponerle nombre a todas las cosas, sobre todo si es en inglés. Dar vueltas y vueltas a la palabra que querrías decir, pero prefieres buscar otra que se aleje de su verdadera esencia. Aquí es donde me doy cuenta que para hablar hay que ser valiente, escoger las palabras exactas y tener los arrestos de pronunciarlas, sabiendo que todo lo que digas tiene un gran peso. De añadir -ing a los verbos mejor ni hablamos.
Estoy en contra de la exposición banal, del objetivo de llamar la atención sin ser nada. Estoy en contra del no tener nada que ocultar, la transparencia excesiva y la ausencia de intimidad. Me cansa la elección de siempre querer contar algo sin nada que contar; gustar a todo el mundo, en un mundo con gusto de usar y tirar. Exhibir unos aires de grandeza que llevan a la nada absoluta.
Estoy en contra del uso de razón exagerado y de la sobreinformación. No digo que no debamos tener curiosidad diaria y hacer un buen uso del sentido común y de la reflexión. Pero donde antes la revolución estaba en el pensar, ahora creo que reside en el no pensar, en aburrirse. La sobrecarga de estímulos que recibimos a lo largo de un solo día es ingente. Lo siento mucho, pero necesito aburrirme. Y esto me lleva a pensar que también estoy en contra de los sabelotodo. De veras, no necesitamos siempre su opinión, ni siquiera su opinión es siempre válida y respetable. En ocasiones aportamos mucho más con nuestro silencio. No sabe de todo y no pasa nada. Tampoco yo. De hecho, este texto no tiene por qué ser algo válido ni respetable. Eso lo juzgará el tiempo y el aprecio que me pueda tener cualquiera que me lea.
Estoy en contra de la falta de pasión. No me pondré melodramático diciendo que vivo en un mundo frío porque no es así. Sin embargo, me frustra soberanamente quien no se apasiona de cualquier cosa que haga. Los motores más fuertes que hacen retorcer este mundo son el amor y la pasión, o el amor por la pasión, una cosa lleva a la otra, y la otra lleva a la vida.
Yo estoy en contra de quienes están en contra de todo. No entiendo la queja eterna. Estar siempre en pie de guerra, nada parece bien hecho, siempre hay algún problema que crear. Me cansa la ausencia de la palabra solución en sus vocabularios. Me cansa la falta de esfuerzo por mejorar. Resulta muy dificultoso elaborar respuestas, parece que la solución se esconde y nadie está dispuesto a encontrarla. Harto de estar en contra, estoy en contra de mí. Estoy en contra de este texto. Estuve pensando en escribir sobre por qué estoy a favor, pero como dije al principio, lo sencillo es estar en contra.